LA DERROTA DEL PENSAMIENTO ALAIN FINKIELKRAUT PDF

Traduccin de Joaqun Jord Ttulo de la edicin original: La dfaite de la pense A Elisabeth A Batrice A la sombra de una gran palabra En una secuencia de la pelcula de Jean-Luc Godard Vivre sa vie, Brice Parain, que interpreta el papel de filsofo, opone la vida cotidiana a la vida guiada por el pensamiento, que denomina asimismo vida superior. Fundadora de Occidente, esta jerarqua siempre ha sido frgil y contestada. Pero hace poco que tanto sus adversarios como sus partidarios reivindican la cultura. En efecto, el trmino cultura tiene actualmente dos significados. El primero afirma la preeminencia de la vida guiada por el pensamiento; el segundo la rechaza: desde los gestos elementales a las grandes creaciones del espritu, acaso no es todo cultural?

Author:Fenrizilkree Yoshakar
Country:Antigua & Barbuda
Language:English (Spanish)
Genre:Medical
Published (Last):27 June 2014
Pages:420
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Un acontecimiento, sin embargo, cuestionar de nuevo esta consagracin del Volksgeist por la ciencia: la guerra de entre Francia y Alemania y, ms exactamente, la conquista de Alsacia-Lorena por los alemanes. Este episodio, en efecto, no slo provoca la exacerbacin de las pasiones nacionales, sino que aviva, con una profundidad y una agudeza hoy olvidadas, el litigio entre la nacin-genio y la nacin-contrato. A partir del cese de los combates, los ms importantes historiadores alemanes se dedican a justificar la anexin de los nuevos territorios con argumentos cientficos.

Al negarse a separar al hombre de sus determinaciones, al buscar la verdad de su ser y la clave de su comportamiento en unas fuerzas que le dirigen a pesar suyo -la lengua, la raza, la tradicin histrica -, verifican que los alsacianos hablan alemn y son de cultura alemana.

Deducen de ello que la conquista es legtima: Los alsacianos son de los nuestros y por tanto son nuestros -afirman sustancialmente Strauss y Mommsen-.

La apropiacin se sustenta en la comunidad cultural. La tutela francesa haba arrebatado esas provincias a su autntica familia. La victoria prusiana corrige una anomala histrica y les permite reintegrarse al regazo nacional. Como Strauss y Mommsen han puesto todo el prestigio de la universidad al servicio de la Alemania victoriosa, sus homlogos franceses se sienten inmediatamente en la obligacin de responder. Se sitan, sin embargo, en un terreno muy diferente.

En lugar de exhibir las races clticas de las poblaciones confiscadas, o de lanzarse a una puja filolgica o etnogrfica, conceden de entrada a sus interlocutores que Alsacia es alemana de lengua y de raza. Pero -dice Renan-no desea formar parte del Estado alemn: eso zanja la cuestin. Se habla del derecho de Francia, del derecho de Alemania. Estas abstracciones nos afectan mucho menos que el derecho que tienen los alsacianos, seres vivos de carne y hueso, a obedecer nicamente un poder 21 Y Fustel de Coulanges: Lo que diferencia a las naciones no es la raza ni la lengua.

Los hombres sienten en su corazn que son un mismo pueblo cuando tienen una comunidad de ideas, de intereses, de afectos, de recuerdos y de esperanzas. Eso es lo que constituye la patria [ Antes de la crisis, sin embargo, Renan y Fustel de Coulanges compartan el desdn de los historiadores alemanes respecto a la ingenua antropologa de las Luces.

Era obvio, para ellos, que los individuos, a travs de la lengua, o sea de la herencia, procedan de su nacin, y no al contrario, como haban proclamado los peligrosos sofistas del siglo anterior. Renan segua 23 atribuyendo a la falsa poltica de Rousseau la responsabilidad de la derrota francesa ante Alemania.

La Revolucin, en su opinin, haba perdido a Francia dilapidando el patrimonio nacional en nombre de una concepcin falaz de la nacin: El da en que Francia decapit a su rey, 24 El contraste que se manifiesta entre la voluntad de los alsacianos y sus orgenes tnicos obliga a Renan a reconsiderar sus certidumbres. A partir de la firma del armisticio y antes incluso de que se inicien en Versalles las conversaciones entre Francia y el nuevo imperio alemn, los diputados de Alsacia y de Lorena de la Asamblea nacional afirman en una solemne declaracin su fidelidad a Francia: Proclamamos el derecho de los habitantes de Alsacia-Lorena a seguir siendo miembros de la patria francesa, y juramos, tanto en nombre propio como en el de nuestros comitentes, nuestros hijos y sus descendientes, reivindicarlo eternamente y mediante todos los procedimientos, a despecho de todos los usurpadores.

E insisten inmediatamente despus de la cesin de las dos provincias y de su ratificacin por la Asamblea: Seguimos declarando una vez ms nulo y sin efecto el pacto que dispone de nosotros sin nuestro consentimiento La reivindicacin de nuestros derechos permanece para siempre abierta para todos y cada uno de nosotros, en la forma y en la medida que nuestra conciencia nos dicte Vuestros hermanos de Alsacia y de Lorena, separados en este momento de la familia comn, conservan para la Francia ausente de sus hogares un afecto filial hasta el da en que vuelva a 25 recuperar all su lugar.

Este irredentismo, en una regin que, en Nochebuena, canta espontneamente: O Tannenbaum! Queda as demostrado que el sentimiento nacional no procede de una determinacin inconsciente, sino de una libre decisin. Y los habitantes de AlsaciaLorena devuelven de ese modo a la idea obsoleta de contrato una actualidad absolutamente paradjica.

El mismo Renan que combata la nocin perniciosa de pacto fundador, convierte ahora la nacin en el objeto de un pacto implcito sellado cotidianamente entre los que la componen: Una nacin es, por consiguiente, una gran solidaridad constituida por el conocimiento de los sacrificios que se han hecho y de los que se est dispuesto a hacer.

Supone un pasado: se resume, sin embargo, en el presente por un hecho tangible: el consenso, el deseo claramente expresado de continuar la vida comn. La existencia de una 26 nacin es un plebiscito cotidiano.

La definicin de Renan acoge la larga historia que Sieys arrojaba sin titubeos a las tinieblas del despotismo. Pasa del plano formal al plano concreto de las tradiciones vivas que confieren a la nacin su fisonoma particular.

El cuerpo de asociados de Qu es el Tercer Estado? Pero al mismo tiempo que devuelve al vnculo social la densidad histrica de que le haban desprovisto los revolucionarios, Renan se ve obligado, en ltima instancia, a darles la razn: no es el Volksgeist, comunidad orgnica de sangre y de suelo o de costumbres y de historia, lo que somete a su ley los comportamientos individuales, sino que lo que forma las naciones es la congregacin voluntaria de los individuos.

Despus de haber razonado l mismo en trminos de entidades colectivas, de haber zaherido la espantosa simplicidad del espiritu semtico, que angosta el cerebro humano, 27 cerrndole a cualquier idea delicada, y de haber afirmado sin ambages que la raza semtica comparada con la raza indoeuropea significa realmente una combinacin inferior de la 28 naturaleza humana Renan descubre bruscamente la irreductibilidad de las conciencias. Bajo la conmocin que tal descubrimiento le provoca, el hombre que fue el autntico aval cientfico del 29 mito ario en Francia deja de concebir el espritu como una crcel mental.

Los conceptos cientificistas de raza o de cultura pierden su valor operatorio, y a Renan la nacin ya no se le presenta bajo la forma de una entidad, sino bajo el aspecto de lo que Husserl, un poco ms tarde, denominar una comunidad intersubjetiva, Como vemos, no es justo reducir a una disputa localista la cuestin de Alsacia-Lorena.

Frente al pangermanismo triunfante, Renan reaccion con otra teora de la nacin, basada a su vez en otra representacin del hombre. En la concepcin de Strauss y de Mommsen, el hombre es cautivo de su ascendencia, sus estimaciones son pura ilusin: est investido hasta en los recovecos ms secretos de su interioridad por la historia de la que es heredero, por la lengua que habla, por la sociedad que le ha dado origen.

La tradicin le precede y supera su reflexin: pertenece a ella antes de pertenecerse a s mismo. Para Renan, si bien es cierto que el hombre no est por entero presente en s mismo y que en dicho desfase se sustentan las ciencias humanas, eso no le lleva a ver en el pensamiento la resultante o la simple prolongacin del imprevisto que lo impregna: No abandonemos el principio fundamental de que el hombre es un ser razonable y moral antes de estar instalado en tal o cual lengua, de ser miembro de tal o cual raza, de 30 adherirse a tal o cual cultura.

Desde el Renacimiento hasta la poca de las Luces, el programa de los Tiempos modernos consisti en liberar el espritu humano de la verdad revelada y de los dogmas de la Iglesia. Emancipado de toda tutela, a partir de aquel momento el hombre slo deba rendir cuentas a su razn.

Superaba la minora de edad segn la famosa frmula de Kant y se proclamaba capaz de pensar sin padre. Renan aade una clusula a esta definicin del hombre adulto, al desvincular la vida del espritu de la comunidad en la que se arraiga. Existe en el hombre, afirma, un poder de ruptura: es capaz de escapar de su contexto, de evadirse de la esfera nacional, de hablar, de pensar y de crear sin dar muestras inmediatamente de la totalidad de la que emana.

En otras palabras, no ha conquistado con una lucha denodada su autonoma respecto a las instancias paternas que intentaban limitar el campo de su pensamiento para ser absorbido, sin ms mediaciones, por una madre devoradora: su cultura. Antes que la cultura francesa, la cultura alemana, la cultura 31 italiana, est la cultura humana. Con esta distincin entre cultura nacional y cultura humana, Renan se refiere implcitamente a Goethe, opone el espritu de Goethe a la visin del mundo instaurada por el nacionalismo alemn.

Aunque esperaba que se sentira subyugado y como mantenido a raya por la singularidad o el pintoresquismo de esa obra, descubri en ella unas afinidades con su propia epopeya en verso Hermann y Dorotea y con las novelas inglesas de Richardson.

Lo que le sorprenda no era el exotismo del libro sino su proximidad. Con todo y tratarse de un fragmento suelto de una civilizacin lejana y poco conocida, el texto no constitua para l una rareza: eso era lo que le intrigaba. Y a travs del contacto improbable entre l, patriarca de Europa, y aquella novela china, a travs de la extraa.

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